Skip to content

¿POR QUÉ EN TABASCO EL DÍA DE MUERTOS SE EMPIEZA A CELEBRAR DESDE OCTUBRE?

Aunque el calendario marca los días 1 y 2 de noviembre para las celebraciones centrales del Día de Muertos en México, en la región del Sureste y particularmente en Tabasco, la veneración a los fieles difuntos no espera a noviembre. Desde los primeros días de octubre, las comunidades chontales de la Subregión de los Ríos y la Chontalpa inician una serie de rituales de preparación para dar la bienvenida al “Mes de las Ánimas”.
En la cosmovisión maya-chontal (yoko yi’xik), se cree que las puertas del inframundo (Mictlán o plano ancestral) comienzan a entreabrirse desde las primeras semanas de octubre. A diferencia de otras regiones del país donde los preparativos son meramente comerciales, en municipios como Nacajuca, Jalpa de Méndez, Centla y Tenosique, el décimo mes del año se vive como un periodo sagrado de espera:
A mediados de octubre, las familias limpian a fondo las casas y lavan la ropa que se colocará en los altares para que no conserve “polvo de los vivos”.
En los templos y ermitas comunitarias se realizan rezos anticipados para pedir por las almas desamparadas que no tienen quién las recuerde.
Las comunidades ribereñas comienzan a cortar hojas de to, plátano y achiote, insumos indispensables para el atol y los tamales de masa colada.
En octubre, los mercados de Villahermosa —como el Mercado Público José María Pino Suárez— registran un notable incremento en la venta de ingredientes para la repostería y cocina ceremonial. Los platos que se alistan no son improvisados; responden a recetas transmitidas por generaciones: Tamal de masa colada, guarapo de caña, chorote y dulces tradicionales.
Durante las últimas semanas de octubre, las familias levantan la estructura básica de los altares tradicionales, los cuales difieren notablemente de las pirámides de siete escalones del centro del país.
El altar chontal consta de una mesa baja de madera de cedro o tinto, cubierta con hojas frescas de plátano en lugar de manteles, simbolizando la fertilidad de la tierra húmeda de Tabasco. En los extremos se colocan arcos tejidos con palmas y adornados con flor de cempasúchil y cordoncillo, mientras que sobre la mesa se disponen incensarios de barro cocido con copal silvestre para purificar el ambiente antes del arribo de las ánimas.
En los poblados donde las vías de transporte tradicionales han sido los ríos y lagunas —como en los Pantanos de Centla—, a finales de octubre se realiza la costumbre de depositar pequeñas luminarias (velas flotantes hechas en jícaras) sobre los cuerpos de agua. Según la creencia local, la luz sobre la corriente sirve de guía a las almas navegantes que regresan en sus cayucos espirituales para reencontrarse con sus seres queridos.Con estas tradiciones que entrelazan la fe católica y la raíz prehispánica, Tabasco demuestra que el tributo a los difuntos no es cuestión de un fin de semana, sino un proceso de fe, memoria comunitaria y gastronomía que transforma la vida de la entidad durante todo el mes de octubre.

Tags: