De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la peste es una enfermedad infecciosa aguda y grave causada por la bacteria zoonótica llamada Yersinia pestis. Se trata de una enfermedad que afecta principalmente a pequeños mamíferos (como roedores) y a las pulgas que los parasitan, pero que puede transmitirse a los seres humanos.
Las personas pueden contraer la bacteria a través de tres formas principales de exposición:
1. La picadura de pulgas vectoras infectadas.
2. El contacto directo sin protección con líquidos corporales infectados o materiales contaminados.
3. La inhalación de partículas respiratorias emitidas por un paciente con la variante de peste pulmonar.
Dependiendo de la vía de entrada y de la localización de la bacteria en el cuerpo, la OMS categoriza la enfermedad en tres presentaciones clínicas:
• Peste bubónica: Es la variante más común. Ingresa por la piel (normalmente tras la picadura de una pulga) y viaja por el sistema linfático hasta el ganglio más cercano, provocando su inflamación dolorosa (el signo característico llamado “bubón”). Por lo general, no se transmite de persona a persona.
• Peste septicémica: Ocurre cuando la bacteria se multiplica directamente en el torrente sanguíneo. Puede aparecer como evolución de una peste bubónica no tratada o por inoculación directa en la sangre a través de heridas. Puede causar daño severo a los tejidos y fallas orgánicas.
• Peste neumónica (o pulmonar): Es la forma más virulenta, menos común y con el periodo de incubación más corto (a veces de solo 24 horas). Ocurre cuando la bacteria infecta los pulmones. A diferencia de las anteriores, es altamente contagiosa entre personas a través de gotículas de saliva expulsadas al toser.
