Un trabajo multidisciplinario de investigadores físicos y de agroecología
Un equipo multidisciplinario de científicos BUAP demostró que las leyes de la Física que gobiernan lo más pequeño en el universo son también clave para una agricultura sostenible y sin químicos. Su trabajo emplea la teoría de percolación ─una rama de la Física estadística que estudia cómo se conectan los sistemas─, para predecir tanto la formación de estados exóticos de la materia, como la propagación de enfermedades en los cultivos.
Los investigadores BUAP, Jhony Eredi Ramírez, Arturo Fernández Téllez, Ygnacio Martínez Laguna, Jesús Francisco López Olguín y Agustín Aragón García, demostraron que una plantación se comporta de forma idéntica a un sistema físico poroso.
La Física como escudo natural en la agricultura
Con un enfoque agroecológico, los investigadores publicaron un estudio revolucionario sobre el manejo agroecológico de Phytophthora, conocido como el “destructor de plantas”, un patógeno que causa pérdidas económicas masivas a nivel mundial y que se propaga a través de esporas que “nadan” en la humedad del suelo hacia las raíces. En Puebla, se reporta que Phytophthora ataca a diversas plantaciones causando pérdidas millonarias a productores de papa, chile y aguacate.
Al organizar los cultivos en configuraciones de intercalado (intercropping), como columnas o diagonales alternas (estilo ajedrez), es posible crear “barreras naturales”. El estudio determinó que la configuración de diagonales alternas es la más efectiva para evitar que la enfermedad se extienda por todo el campo, permitiendo a los agricultores proteger sus cosechas sin depender de fungicidas químicos.
Para 2022 su enfoque se trasladó de los campos de cultivo al corazón de los aceleradores de partículas más potentes del mundo, como el LHC en Suiza y el RHIC en Estados Unidos. Los científicos investigaron el Plasma de Quarks y Gluones (QGP), un estado de la materia donde los componentes más básicos de los átomos se liberan, similar a una “sopa primigenia” caliente que existió en el origen del universo.
Aplicando la misma teoría de percolación, los físicos de la BUAP descubrieron que la temperatura necesaria para formar este plasma no es constante, sino que depende del tamaño de los núcleos que chocan. Un hallazgo sorprendente es que las colisiones entre partículas pequeñas (como protones) requieren energías 20 veces mayores que las colisiones entre núcleos grandes (como el plomo) para liberar a los quarks de su confinamiento. Este descubrimiento ayuda a entender por qué los experimentos observan comportamientos colectivos incluso en sistemas que antes se consideraban “demasiado pequeños” para formar este plasma.
