En días recientes, videos de jóvenes utilizando máscaras de animales, desplazándose en cuatro puntos de apoyo y emitiendo sonidos como ladridos se han viralizado en distintas plataformas digitales. Las imágenes han generado debate y múltiples interpretaciones en redes sociales, donde se menciona con frecuencia a la comunidad therian, un grupo que suele ser confundido con el fandom furry. Aunque ambos comparten un interés por lo animal, existen diferencias claras entre ellos.
La comunidad therian está integrada por personas que afirman identificarse, en un plano interno, psicológico o espiritual, como un animal no humano. Para quienes forman parte de este grupo, no se trata únicamente de caracterización o entretenimiento, sino de una vivencia relacionada con su identidad. Algunas de las expresiones visibles —como el uso de máscaras o la imitación de movimientos— son, según sus propios testimonios en foros digitales, una forma de exteriorizar esa conexión.
En contraste, la comunidad furry corresponde a un fandom enfocado en personajes animales con rasgos humanos, conocidos como antropomórficos. Se trata de una subcultura artística y social que gira en torno a la creación de personajes propios, llamados fursonas, los cuales pueden representarse mediante ilustraciones, animaciones, literatura o trajes especiales conocidos como fursuits. A diferencia de los therians, los furries no necesariamente se identifican como animales en la vida cotidiana; su participación suele estar vinculada a la creatividad y la convivencia dentro de la comunidad.
Especialistas en cultura digital explican que la confusión surge porque ambas comunidades pueden compartir elementos visuales similares, como orejas, colas o máscaras. Sin embargo, la diferencia central radica en que el fenómeno therian se relaciona con una percepción identitaria, mientras que el movimiento furry se asocia con una afición artística y social.
La viralización de este tipo de contenidos también refleja la manera en que las redes sociales amplifican expresiones juveniles que, fuera de esos espacios, pueden resultar poco conocidas para el público en general. Analistas señalan que comprender el contexto y las diferencias entre ambas comunidades permite abordar el tema con mayor claridad, evitando estigmatizaciones o interpretaciones erróneas.
En un entorno digital donde convergen múltiples formas de identidad y expresión, el debate sobre therians y furries abre una conversación más amplia sobre diversidad, respeto y el papel de las plataformas en la difusión de fenómenos culturales contemporáneos.
