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Tecnología, inteligencia artificial y energía: la nueva guerra por el poder global

El mundo está entrando en una nueva etapa de competencia global donde el poder ya no se mide solo en armamento o territorio, sino en tecnología, inteligencia artificial y control de la energía. Hoy, los países más influyentes están invirtiendo cifras históricas para dominar estos sectores clave.

De acuerdo con la International Energy Agency, la inversión global en energía superará los 3 billones de dólares en 2026, con más de 2 billones destinados a energías limpias, lo que refleja una transición acelerada hacia nuevas fuentes de poder económico. Al mismo tiempo, el control del petróleo sigue siendo estratégico: más del 30% del suministro mundial pasa por rutas críticas como el estrecho de Ormuz, vulnerable a conflictos internacionales.

En el terreno tecnológico, la carrera por la inteligencia artificial se ha intensificado. Según estimaciones de McKinsey & Company, la inteligencia artificial podría generar hasta 13 billones de dólares adicionales a la economía mundial para 2030, lo que la convierte en uno de los activos más valiosos del siglo XXI.

Empresas como Meta Platforms, Google y Microsoft han invertido decenas de miles de millones de dólares en el desarrollo de modelos avanzados, centros de datos y chips especializados. Tan solo en 2025, el gasto global en infraestructura para inteligencia artificial superó los 150 mil millones de dólares, impulsando una nueva “carrera tecnológica” entre potencias.

Pero este crecimiento también tiene un costo energético enorme. La International Energy Agency advierte que los centros de datos podrían consumir hasta el 10% de la electricidad mundial hacia 2030, debido al auge de la inteligencia artificial. Hoy ya representan cerca del 2% al 3% del consumo global, una cifra que sigue en aumento.

Además, el dominio de recursos estratégicos se ha vuelto clave. Minerales como el litio, el cobalto y las tierras raras —fundamentales para baterías, autos eléctricos y tecnología— están concentrados en pocos países. Por ejemplo, más del 60% del litio mundial se encuentra en América Latina, mientras que China controla cerca del 70% del procesamiento global de tierras raras.

En este contexto, la llamada “guerra económica” ya no se libra solo con sanciones o comercio, sino con chips, datos, energía y tecnología. Los países que logren controlar estas variables no solo liderarán la economía global, sino también el rumbo político, militar y social del planeta en las próximas décadas.