En la región conocida como el triángulo dorado, ubicada entre Sinaloa, Durango y Chihuahua, se vive una problemática poco visible relacionada con matrimonios forzados de niñas y adolescentes.
En estos contextos, algunas menores son obligadas a unirse en pareja a edades tempranas, muchas veces bajo presión o decisiones ajenas, lo que limita su desarrollo y acceso a la educación.
De acuerdo con el INEGI, más de 27 mil adolescentes indígenas entre 12 y 17 años enfrentan esta situación, lo que refleja la magnitud del problema en distintas regiones del país.
