Organizaciones como Miscelánea Oaxaqueña de Acción Común, Nodo Oaxaqueño Contra la Gentrificación, Consorcio Oaxaca y Educa, marcharon por las calles de la ciudad con la acción ¡Oaxaca Ocupada! No llegamos, ya estábamos aquí.
Señalaron que resultado de un año de investigación colectiva, trabajo etnográfico y territorial sobre la turistificación y la gentrificación que atraviesa la ciudad, no hablan desde la exageración o sospecha, hablamos desde los datos y desde el testimonio de quienes habitan y defienden este territorio.
Indicaron que en diez años, el turismo pasó de representar el 8.5 por ciento al 10 por ciento del PIB estatal, mientras la industria y la agricultura perdían peso en la economía de Oaxaca.
Ese crecimiento no se ha traducido en
bienestar: la pobreza laboral persiste, los salarios no alcanzan ni la mitad del costo de una renta
digna, y el Centro Histórico perdió más del 13 por ciento de su población residente entre 2010 y 2020, mientras la vivienda tradicional se convierte, barrio por barrio, en alojamiento de corta estancia, entre otras afectaciones.
Exigieron una regulación real del alojamiento turístico temporal, con límites efectivos al número de visitantes por establecimiento y por mes, la obligatoriedad de ecotecnologías en hoteles, restaurantes y alojamientos tipo Airbnb como captación de agua de lluvia, baños secos, plantas de tratamiento, filtros de aguas grises y prohibición de nuevas albercas.
También demandaron el saneamiento de los ríos Atoyac, Salado y San Felipe, y la regulación de pipas y sindicatos que hoy lucran con la escasez, suspensión de obras sin permisos completos, como el caso de Plaza Parque Oaxaca, y la declaración explícita del carácter público de las vías afectadas.
También pidieron o políticas de vivienda que protejan a la población residente del Centro Histórico y de barrios como Jalatlaco y Xochimilco frente al desplazamiento
