En México, el estrés crónico en madres trabajadoras se ha vuelto una realidad cada vez más evidente, aunque muchas veces se normaliza dentro de la rutina diaria. Este problema aparece cuando el cuerpo y la mente permanecen en un estado constante de presión, sin descanso suficiente, lo que termina afectando la salud física y emocional. De acuerdo con información de la Secretaría de Salud, se estima que cerca del 70 por ciento de las madres que trabajan viven con este tipo de estrés, principalmente por la carga acumulada entre empleo y responsabilidades en casa.
El origen de esta situación está en la llamada “doble jornada”, donde además de cumplir con un trabajo formal, muchas mujeres siguen siendo las principales responsables del cuidado del hogar, la crianza y otras tareas no remuneradas. Esta dinámica genera agotamiento constante, ansiedad y síntomas físicos como dolores de cabeza, problemas de sueño o fatiga. Especialistas del sector salud han señalado que esta sobrecarga es uno de los factores más importantes detrás del estrés crónico, ya que no permite un equilibrio real entre la vida personal y laboral.
Frente a este panorama, evitar que el estrés se vuelva permanente implica reconocerlo a tiempo y generar cambios tanto personales como sociales. Buscar espacios de descanso, repartir responsabilidades en casa y acudir a apoyo profesional son pasos clave para reducir sus efectos. Sin embargo, también es necesario que existan mejores condiciones laborales y políticas que realmente apoyen a quienes sostienen tanto el trabajo como la familia. Hablar del tema ayuda a visibilizar que no se trata de algo normal, sino de una situación que requiere atención.
