Desde pequeñas, algunas mujeres de la etnia Padaung —originarias de Myanmar y actualmente asentadas principalmente en el norte de Tailandia— inician una práctica que ha dado la vuelta al mundo: colocar anillos metálicos alrededor del cuello. Este ritual comienza generalmente en la infancia y continúa durante años, sumando espirales que aumentan gradualmente su peso. Aunque popularmente se cree que el cuello crece, en realidad los aros presionan hombros y clavículas, creando un efecto visual alargado que se ha convertido en uno de los rasgos más reconocibles de esta comunidad.
Pero esta tradición va mucho más allá de lo estético. Para quienes la practican, los anillos representan identidad, pertenencia y conexión con sus raíces. Cada aro marca etapas de la vida y simboliza fortaleza cultural en medio del desplazamiento y los cambios sociales. Existen diversas interpretaciones sobre su origen: desde un ideal de belleza hasta antiguos métodos de protección o señales de estatus dentro del grupo. Hoy, muchas mujeres continúan usándolos como una decisión personal, reafirmando su herencia frente a un mundo cada vez más globalizado.
Actualmente, esta costumbre convive con el turismo, lo que ha generado tanto oportunidades económicas como debates éticos. En algunas regiones, las comunidades reciben visitantes interesados en conocer su historia, aunque también se cuestiona la forma en que se exhibe esta tradición. A pesar de las críticas, las mujeres Padaung mantienen viva esta práctica como un acto de resistencia cultural, demostrando que su legado no solo se lleva en el cuello, sino en la memoria colectiva y el orgullo de su pueblo.
