Morelia, Mich.- 14 de abril de 2026.-En México, la desigualdad no es una abstracción:
es una brecha profunda que separa a una élite con riqueza creciente de millones de
personas que apenas logran sostener su vida cotidiana. Hoy, ese contraste ha colocado
en el centro del debate la posibilidad de gravar las grandes fortunas.
De acuerdo con La Jornada
(https://www.jornada.com.mx/2026/04/14/economia/014n1eco), el 1 por ciento más rico
concentra cerca del 30 por ciento de la riqueza nacional, mientras que el 50 por ciento
de la población posee menos del 5 por ciento. La disparidad es aún más evidente si se
observa que una pequeña élite acumula patrimonios equivalentes a lo que millones de
mexicanos generan en conjunto.
Esta concentración ocurre en un país donde, según datos publicados por dicho medio,
más de 40 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, y donde amplios
sectores dependen de la informalidad laboral para subsistir. Es decir, mientras una
minoría acumula capital, la mitad del país enfrenta carencias estructurales.
En el terreno fiscal, la desigualdad también es evidente. México recauda apenas
alrededor del 16 por ciento del PIB en impuestos, casi 10 puntos por debajo del
promedio de la OCDE, lo que lo coloca entre los países con menor capacidad
recaudatoria. Además, la carga tributaria recae en mayor medida sobre el consumo
—como el IVA—, lo que impacta proporcionalmente más a los hogares de bajos
ingresos.
Por su parte, Gabriel Zucman, director fundador del Observatorio Fiscal Internacional,
advierte que esta estructura fiscal favorece la acumulación de riqueza y limita la
redistribución. En contraste, países con menores niveles de desigualdad aplican
impuestos más robustos sobre ingresos altos, herencias y grandes patrimonios.
Bajo este escenario, plantea que un impuesto a la riqueza extrema —incluso con tasas
moderadas— podría generar ingresos significativos. Algunas estimaciones sugieren que
gravar grandes fortunas permitiría captar recursos equivalentes a varios puntos del PIB,
suficientes para fortalecer sistemas de salud, educación o infraestructura social.
Sin embargo, la discusión no es únicamente técnica. Gravar la riqueza implica
confrontar intereses económicos de gran peso y desmontar un modelo donde la
concentración ha sido tolerada durante décadas. También supone diseñar mecanismos
eficaces para evitar la evasión fiscal y la salida de capitales, apuntan especialistas.
Más allá de las cifras, el debate revela una realidad social contundente: México es uno
de los países más desiguales de América Latina, donde el lugar de origen sigue
determinando las oportunidades de vida. En este contexto, la pregunta no es sólo cuánto
recaudar, sino quién debe pagar y para qué tipo de país, puntualizan.
