El sonido de la alerta sísmica puede provocar un sobresalto incluso cuando sabemos que se trata de un simulacro, y esto tiene una explicación científica.
Las alarmas utilizan sonidos fuertes, repetitivos y con cambios rápidos de intensidad para evitar que pasen desapercibidos. Una de sus características es la llamada “rugosidad acústica”, que hace que el cerebro perciba determinadas frecuencias como ásperas o incómodas y las identifique rápidamente como una señal importante.
Por eso, ante la alerta, el cerebro recibe primero la señal de “pon atención” y después interpreta conscientemente lo que está ocurriendo. El susto, por lo tanto, forma parte del propósito del sistema: generar una reacción rápida para que las personas puedan actuar.
Ante un sismo, las autoridades recomiendan mantener la calma, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer y seguir las rutas de evacuación.
Si un celular compatible no recibe la alerta, es importante revisar que tenga señal, esté actualizado y cuente con las notificaciones de emergencia activadas. En Android se pueden consultar las opciones de “Seguridad y emergencia”, mientras que en iPhone están disponibles en “Notificaciones” y “Alertas gubernamentales”.
En México, el sonido fue diseñado con frecuencias específicas para llamar la atención. Como explica el vulcanólogo Carlos, su función es advertir a tiempo y, en sus palabras, ser “música para vivir”.