En el corazón de San Martín de las Flores, donde la tradición se hereda con la misma fuerza con la que se vive. En su edición 232, no solo se recrea la pasión de Cristo: se encarna y cuenta con una cruz muy peculiar.
Pero este 2026 hay un significado especial: La cruz que Miguel Iván cargará no es solo un símbolo litúrgico: es el resultado de una promesa cumplida, de manos solidarias y de una historia compartida. Elaborada en madera de parota estufada, nació en un taller donde la fe se convirtió en oficio.
La pieza fue creada gracias a un trabajo colectivo: el escultor Jaime Sandoval, el ebanista Miguel Larios y el propio Escobedo unieron esfuerzos para dar forma a una cruz de 4.5 metros de largo por 2.4 de ancho, con un peso superior a los 100 kilogramos. Cada golpe de herramienta, cada ajuste, fue también un acto de devoción.
En este entramado de historias personales, la Judea se reafirma como un espejo de la comunidad: una tradición que no solo se observa, sino que se vive y se comparte.
Durante la Semana Santa, las calles, la plaza principal y el cerro de la Cruz de esta comunidad de Tlaquepaque se transforman en un escenario vivo donde la fe y la identidad colectiva se entrelazan. Más de 200 mil visitantes llegan cada año para presenciar esta representación que trasciende lo escénico y se convierte en experiencia sensorial y espiritual.
