Una llamada bastó para sembrar el miedo en una familia. Lo que parecía un secuestro terminó siendo un caso de extorsión telefónica que fue desactivado antes de que se pagaran 300 mil pesos.
Una llamada telefónica bastó para hacer creer a una familia que su hijo estaba secuestrado. Mientras una madre recibía amenazas y exigencias de 300 mil pesos para volver a verlo, el joven de 18 años permanecía solo, siguiendo las instrucciones de los propios extorsionadores.
Los delincuentes lo convencieron de salir de su casa y dirigirse al estacionamiento de una plaza comercial en El Salto, donde debía mantenerse incomunicado mientras presionaban a su familia para conseguir el dinero.
La rápida intervención de policías de Tonalá permitió localizarlo sano y salvo antes de que se realizara cualquier pago, evitando que el engaño se consumara.
El caso recuerda que los secuestros virtuales buscan aislar a la víctima y sembrar pánico entre sus familiares. Por ello, las autoridades recomiendan no realizar depósitos, verificar primero el paradero de la persona y pedir apoyo inmediato al 911.
