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El centro INAH Guerrero clasifica y estudia fragmentos de telares de cintura de época prehispánica

Como parte de la actualización de su inventario, se han identificado fragmentos de telares de cintura prehispánicos, lo que abre la oportunidad para estudiar esta tecnología previa al contacto español.

Hace casi tres décadas, el Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Guerrero recibió un lote particular, integrado en su mayoría por materiales orgánicos procedentes de cuevas de la región de Teloloapan. Como parte de la actualización de su inventario, se han identificado fragmentos de telares de cintura prehispánicos, lo que abre la oportunidad para estudiar esta tecnología previa al contacto español.

La Colección Salgado, nombrada así porque fue entregada a la institución por el señor José Salgado Nava, entre 1997 y 1999, incluye madera, cuero, semillas, astas de venado, amarres de hojas de maíz y fragmentos de tejidos, asociados, a su vez, a artefactos de concha, piedra y cerámica. El conjunto fue estudiado previamente por la arqueóloga Elizabeth Jiménez García.

Ahora, se realiza el proceso de actualización de inventarios de bienes arqueológicos del Centro INAH Guerrero, a la par de la catalogación, la evaluación de su estado de conservación y el establecimiento de medidas para su preservación, lo que posibilita el estudio de los materiales desde perspectivas interdisciplinarias.

En la labor participan la restauradora Lucía Alatorre Mercado, los arqueólogos Salomé de la Paz Torres Pérez, Miguel Pérez Negrete y Cuauhtémoc Reyes Álvarez, el etnólogo Gerardo Sámano Díaz y la historiadora Guillermina Valente Ramírez.

En su estudio previo, la investigadora Elizabeth Jiménez detectó que, del lote formado por 79 objetos, 33 correspondían a partes de telares de cintura: fragmentos de machetes de madera, lanzaderas, palo de calada, agujas y un mecapal extraordinariamente conservado.

Asimismo, destacan fragmentos de los palos principales, llamados enjulios (componentes que sostienen al telar durante el proceso de tejido); de uno de ellos se amarra todo el conjunto a un elemento fijo y el otro se ajusta a la cintura de quien teje, mediante un mecapal.

Se observó que, a los extremos de los enjulios —decorados con líneas en zigzag— se les sacó punta y fueron usados como barrenador para encender fuego. La falta de mayor contexto impide saber, por el momento, si la exposición al fuego fue parte de la colocación de los objetos en la cueva o es ajeno a su deposición inicial.

De acuerdo con el equipo, las muestras conocidas de tejidos arqueológicos son escasas. Algunos textiles prehispánicos han sido recuperados en cuevas secas y entierros con presencia de cobre, en localidades como Chilapa de Álvarez, Atzcala, Campo Morado y Mexiquito, donde se generaron condiciones para la preservación de fibras vegetales por siglos.

En tanto, el instrumental del telar de cintura era casi desconocido en la entidad, contando solo con objetos destacados, como el machete de telar de la Cueva de Ushi, el cual está en el Museo Regional de Guerrero. Por esta razón, los objetos procedentes de la Colección Salgado representan una veta única para conocer más sobre la tecnología del telar prehispánico, con materiales estimados para el periodo Posclásico Tardío (950 a 1521 d.C.).

Una historia tejida por mujeres

La historiadora Guillermina Valente, especialista en textiles tradicionales, comenta que las mujeres prehispánicas realizaban tareas de recolección y procesamiento de materia prima y pigmentos, la tejeduría y la confección final de las vestimentas. Este rol femenino trascendió y sigue vigente en algunos pueblos originarios.

El etnólogo Gerardo Sámano refiere que la transmisión de los conocimientos y técnicas del tejido ha pasado de abuelas y madres, a nietas e hijas.

Por su parte, los arqueólogos Cuauhtémoc Reyes y Miguel Pérez Negrete comentan que falta investigar la relación del telar de cintura con las cuevas, teniendo como dato adicional que, en la época prehispánica, en algunas fueron colocadas ofrendas funerarias, compuestas por fardos y huaraches votivos de diversas fibras.

Otra de las propuestas, finalizan, es estudiar estos materiales arqueológicos de forma etnográfica, integrando el conocimiento de mujeres tejedoras na savi (mixtecas) y ñomndaa (amuzgas). Al contrastar los objetos prehispánicos con el saber ancestral guardado por ellas, será posible afinar el proceso de identificación y formas de uso de los restos del telar.