En Taxco de Alarcón, Guerrero, la Familia Michoacana controla desde el precio de la cerveza hasta la vulnerabilidad del propio alcalde.
A la incursión de esta organización criminal se suman las extorsiones generalizadas a comerciantes, una ola de secuestros y desapariciones; y como agravante, se añade una huelga de casi 20 años que mantiene paralizado al sector minero como fuente de empleo.
Esta fotografía del Pueblo Mágico obliga a sus habitantes a convivir con un sistema donde el mercado y la política ya no responden al Estado.
En la venta de cervezas, está el ejemplo. Mientras los refrigeradores de las tiendas de conveniencia lucen vacíos bajo el pretexto de una inexistente “disposición oficial”, en las pequeñas tiendas de abarrotes el producto se vende a sobreprecio y bajo el visto bueno de la organización criminal.
Tras dos años de haber reportado este fenómeno por primera vez, la situación permanece exactamente igual. Los refrigeradores de las grandes tiendas siguen vacíos y son contadas las misceláneas que venden “chelas”.
Los testimonios de los trabajadores confirman el miedo; se pueden comprar hielos y mezcladores, pero el alcohol es una mercancía prohibida para las cadenas, dejando el mercado en manos de quienes el crimen autoriza.
