En Tuxtla Gutiérrez, platillos tradicionales como el sucpujin enfrentan un riesgo inminente de desaparecer, arrastrados por el desuso y los cambios en las dinámicas culinarias. Este guiso, de origen popular, era preparado por generaciones de mujeres que aprovechaban ingredientes locales para alimentar a familias enteras en jornadas de trabajo.
Se trata de un platillo completo en términos nutricionales y profundamente ligado a las tradiciones de la Cuaresma, especialmente durante el Miércoles de Ceniza. Sin embargo, la llegada de nuevas prácticas gastronómicas y la sustitución de cocineras tradicionales por servicios profesionales han desplazado este tipo de preparaciones del ámbito institucional y cotidiano.
Ante este panorama, iniciativas culturales buscan rescatar la memoria culinaria a través de talleres y proyectos de difusión. A pesar de estos esfuerzos, la realidad es que muchos de estos platillos ya no forman parte de la vida diaria y sobreviven apenas en espacios académicos o de promoción cultural.
El sucpují, incluso con presencia en foros internacionales, simboliza la singularidad de una cocina que es reconocida fuera, pero que en su lugar de origen se encuentra al borde del olvido.
