En Chiapas, la mayoría de los casos de cáncer infantil se detectan en etapas avanzadas, lo que reduce considerablemente las probabilidades de supervivencia y complica los tratamientos.
Factores como la desnutrición, la pobreza y los malos hábitos alimenticios, incluido el consumo elevado de productos ultraprocesados, influyen en el deterioro de la salud infantil y en la dificultad para acceder oportunamente a servicios especializados.
Aunque en las unidades médicas se han implementado cédulas de detección para identificar signos de alarma como fiebre persistente, moretones sin causa aparente, pérdida de peso o dolores constantes, el reto continúa siendo que madres y padres acudan de inmediato ante cualquier síntoma inusual.
El tiempo es determinante: un diagnóstico en las primeras etapas permite iniciar tratamiento de forma inmediata y mejorar el pronóstico, mientras que la detección tardía limita las opciones terapéuticas y disminuye las posibilidades de recuperación.
