La lluvia arruinó en minutos el trabajo que durante horas fue elaborado con dedicación y fe por feligreses, dejando destruidas las alfombras preparadas para la peregrinación de la Virgen de Candelaria.
El hecho ocurrió en Tuxtla Chico, a pocas horas del recorrido religioso, cuando la lluvia se llevó los tapetes artesanales que habían sido colocados como muestra de devoción y tradición.
Sin embargo, tras la intensa lluvia, vecinos y devotos se organizaron para limpiar el encharcamiento, retirando agua y lodo con un solo propósito: permitir el paso digno de la Virgen Santísima de Candelaria.
Con escobas, cubetas y corazones llenos de devoción limpiaron las calles donde horas antes se habrían instalado espectaculares alfombras de color y fé,
La lluvia no detuvo la fe, la fortaleció. Algunos no solo limpiaron, también volvieron a colocar a marchas forzadas de color y tradición las vialidades donde en pocos minutos haría su arribo la imagen de la virgen de la candelaria.