Al ritmo de la jarana y la guitarra, decenas de danzantes recorrieron iglesias, ermitas y hogares del primer cuadro de Tuxtla Gutiérrez para celebrar la Octava de Corpus, una de las expresiones más representativas de la tradicion zoque.
Con la participación de 16 parejas mixtas ataviadas con la indumentaria tradicional, la festividad volvió a llenar las calles de música, color y devoción, en una práctica que se remonta a la época colonial y que ha logrado preservarse generación tras generación en la capital chiapaneca.
Más allá del carácter religioso de la celebración, la jornada se convirtió en una muestra de la vigencia de la cultura zoque en una ciudad cada vez más moderna. Familias, promotores culturales y danzantes destacaron la importancia de involucrar a niños y jóvenes para garantizar la continuidad de las tradiciones, desde la danza y la música hasta la vestimenta y los rituales que acompañan estas festividades.
En hogares que durante décadas han abierto sus puertas para recibir a los danzantes, la Octava de Corpus se mantiene como un símbolo de identidad que reafirma que las raíces zoques siguen presentes y vivas en el corazón de Tuxtla Gutiérrez.
