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Entre semáforos y aplausos, el arte callejero resiste en Tuxtla Gutiérrez; es la historia de un joven chiapaneco que se gana la vida en las calles

En un crucero de Tuxtla Gutiérrez, Handri Trujillo, mejor conocido como “Yeick”, transforma los segundos en alto del semáforo en momentos de asombro con actos de magia que buscan ganarse la atención y el apoyo de automovilistas. Su presencia forma parte del paisaje urbano, donde el talento callejero se convierte en una alternativa de sustento ante la falta de oportunidades laborales formales.

El artista circense explicó que su trabajo no solo responde a una necesidad económica, sino también a una pasión que ha desarrollado con el tiempo. Aunque existen días buenos y malos, señaló que junto a sus compañeros logran reunir entre 500 y 600 pesos diarios, cantidad que les permite cubrir gastos básicos. Sin embargo, reconoció que esta actividad depende completamente de la respuesta de la gente y de factores como el clima o el flujo vehicular.

Aprender estos actos no fue nada sencillo. A pesar de las dificultades, continúa apostando por el arte urbano como una forma digna de trabajo, aunque reconoce que ejercer actividades circenses en la vía pública es cada vez más complicado.

Asimismo, este joven, hizo un llamado a la ciudadanía, especialmente a los automovilistas, para valorar el esfuerzo de quienes trabajan en los cruceros. De la misma manera invitó a los jóvenes, a buscar caminos positivos y a desarrollar sus talentos, recordando que, incluso en medio de la adversidad, el arte puede ser una herramienta para salir adelante.