La llegada de un hijo siempre cambia la vida, pero para Gregorio Camacho ese momento significó descubrir una forma distinta de entender el amor, la paciencia y la fortaleza. El día que nació su hijo Emilio también recibió la noticia de que tenía Síndrome de Down, una experiencia que, como ocurre con muchos padres, estuvo acompañada de incertidumbre, preguntas y un proceso de adaptación emocional.
Con el paso del tiempo, explicó que uno de los mayores retos no es la condición en sí, sino los mitos y prejuicios que aún existen en la sociedad. Señaló que el síndrome de Down no es una enfermedad, sino una condición que forma parte de la diversidad humana, y que cuando existe amor, información y estimulación temprana, los niños pueden desarrollar grandes capacidades.
Gregorio relató que su familia decidió enfrentar la situación buscando especialistas, terapias y programas de estimulación temprana, entendiendo que el desarrollo de los niños depende en gran medida del apoyo que reciben. También destacó que la inclusión comienza desde casa, pues durante muchos años a las personas con esta condición se les ocultaba por prejuicios o vergüenza.
Hoy, Gregorio, asegura que Emilio se convirtió en un antes y un después en su vida. Asegura que su pequeño hijo, le ha dado la fortaleza para esforzarse más cada día y valorar cada momento, incluso en medio de los retos, como el proceso médico que actualmente atraviesa previo a una cirugía de corazón.
