El barrio del Niño de Atocha vive una de sus celebraciones más significativas, una festividad que continúa organizándose gracias a la participación directa de la comunidad y al apoyo de bienhechores. Desde varios meses antes, vecinos y devotos se coordinan para preparar las fiestas patronales, que incluyen recorridos religiosos, convivencia y la tradicional comida compartida.
En esta ocasión, las actividades contemplaron procesiones desde temprana hora y un segundo recorrido por las calles del barrio durante la tarde, lo que permitió la llegada de cientos de familias que año con año acuden movidas por la fe y la tradición.
Con el paso del tiempo, la festividad se ha transformado, pero conserva su esencia: honrar al santo patrono y fortalecer la identidad del barrio. La organización actual privilegia el sentido religioso y comunitario, manteniendo vivas costumbres como los recorridos por las iglesias y la preparación de alimentos tradicionales que se reparten entre los asistentes.
Desde la época colonial se le atribuyen favores relacionados con la salud, el auxilio en momentos de peligro y la búsqueda de paz en tiempos difíciles. En este contexto, los devotos del barrio acuden no solo para agradecer los favores recibidos, sino también para pedir bienestar y tranquilidad para sus familias y su comunidad, reafirmando una fe que, generación tras generación, continúa siendo el corazón de esta celebración patronal.
