Este año, la ausencia de su madre tiene un significado especial. Hace un año y cinco meses partió de este mundo doña Guadalupe Pérez González, quien le heredó el amor por la elaboración de los tradicionales pibipollos. Hoy, Griselda continúa con esa enseñanza, convirtiendo cada preparación en un homenaje a su memoria.
Para doña Griselda, elaborar pibipollos va mucho más allá de preparar uno de los platillos más representativos del Janal Pixán. Es una manera de recordar a su mamá y de mantener presentes sus enseñanzas, así como de agradecerle una herencia que durante 35 años ha formado parte de su vida.
A sus casi 60 años, continúa con la misma dedicación con la que comenzó cuando tenía apenas 22, edad en la que aprendió el arte de trabajar la masa y la manteca bajo las enseñanzas de su madre, doña Guadalupe Pérez González, quien le transmitió no solamente una receta, sino también el amor y la paciencia para preparar los alimentos dedicados a los fieles difuntos.
Desde pequeña comenzó ayudándola. Mientras su madre elaboraba los tradicionales pibipollos, Griselda aprendía cada detalle del proceso. Con el paso de los años, ella tomó las riendas de esta labor y su mamá se convirtió en su compañera, apoyándola con la venta de este alimento durante las celebraciones.
Sin embargo, este año la tradición tiene un sentimiento diferente. Por primera vez, Griselda enfrenta la temporada de Día de Muertos sin la compañía de su madre. Su ausencia le provoca nostalgia, pero también le da motivos para continuar con aquello que juntas construyeron.
Su jornada comienza desde muy temprano, cuando sale a comprar todos los ingredientes necesarios. Después prepara el guiso de carne de cerdo y pollo con achiote, el tradicional kol y posteriormente trabaja la masa con manteca para dar forma a cada pibipollo.
Una vez terminados, los deja reposar aproximadamente 30 minutos y después los introduce al horno, donde permanecen una hora con 20 minutos más, hasta quedar listos para sus clientes, quienes durante 35 años han mantenido su preferencia por sus tradicionales preparaciones.
Cada paso le recuerda lo aprendido junto a su madre. Hoy, aunque ya no está físicamente para ayudarla, sus enseñanzas permanecen en sus manos y en cada uno de los pibipollos que prepara.
Griselda reconoce que no acudirá al cementerio durante esta fecha, pues considera que continuar con la tradición que su madre le inculcó es una manera de honrarla. No obstante, una vez que concluyan las celebraciones, acudirá a visitarla y llevarle su cariño hasta su última morada.
El pibipollo representa mucho más que un alimento en el Hanal Pixán. Es una ofrenda para las ánimas y una expresión de la herencia maya, cuya preparación ha unido durante generaciones a familias enteras alrededor de la cocina.
A pesar de que el incremento en el precio de los ingredientes ha provocado que algunas personas compren menos, Griselda mantiene la esperanza de que esta tradición permanezca y que las nuevas generaciones continúen preparando y consumiendo este alimento tan representativo de la cultura regional.
Porque detrás de cada pibipollo hay horas de trabajo, conocimientos heredados y recuerdos familiares que no se olvidan.
Este año, Griselda prepara los pibipollos sin su compañera de tantos años, pero con las mismas enseñanzas que recibió de ella. Su madre ya no está para ayudarla a venderlos, pero vive en cada receta, en cada movimiento de sus manos y en ese legado que, después de 35 años, su hija se niega a dejar morir.

