Skip to content

El nardo, la flor prohibida que seduce con su intenso aroma y una historia que cruza continentes

El nardo, conocido científicamente como Polianthes tuberosa, ha sido considerado durante siglos una de las flores más enigmáticas por su potente fragancia. Su perfume dulce y envolvente suele evocar una mezcla de múltiples flores, lo que le ha valido una reputación casi mítica en la cultura popular. En espacios cotidianos, como florerías o mercados, su presencia destaca por la intensidad de su aroma, capaz de llenar una habitación con una sola vara.

Originario de México, el nardo formó parte de las prácticas agrícolas de civilizaciones prehispánicas antes de llegar a Europa en el siglo XVII. Su introducción en el viejo continente marcó el inicio de su uso en la perfumería y en jardines aristocráticos. Durante la época victoriana, la flor adquirió una connotación sensual que generó advertencias sociales, sobre todo hacia las mujeres jóvenes, debido a la supuesta influencia de su fragancia en las emociones.

En el ámbito artístico, el nardo ha despertado curiosidad incluso por su ausencia. En la obra La primavera de Sandro Botticelli, que reúne cientos de especies florales, esta planta no aparece, lo que resulta llamativo para especialistas en botánica y arte. Este hecho se explica porque la flor aún no era conocida en Europa en el momento en que se pintó la obra, lo que refuerza su carácter exótico en la historia occidental.

El nardo también ha dejado huella en la perfumería y en figuras históricas. Se le asocia con María Antonieta, quien lo incorporó en fragancias exclusivas, y con creaciones icónicas como “Fracas”, lanzado en 1948. Su composición incluye compuestos químicos como el indol, responsable de su carácter intenso y ligeramente inquietante. Esta combinación ha consolidado al nardo como una de las esencias más sensuales y complejas dentro del mundo de los aromas.