Los glaciares, enormes masas de hielo formadas durante siglos por la acumulación y compactación de nieve, son piezas fundamentales para el equilibrio ambiental del planeta. Estas reservas naturales almacenan cerca del 69 % del agua dulce mundial, lo que los convierte en un recurso estratégico para la vida humana y los ecosistemas.
Se localizan principalmente en regiones polares y zonas montañosas, donde las bajas temperaturas permiten su conservación. Con el paso del tiempo, la presión transforma la nieve en hielo sólido que, al alcanzar gran espesor, comienza a desplazarse lentamente por efecto de la gravedad, modelando valles y paisajes.
Su importancia va más allá del paisaje: alimentan ríos y lagos, y garantizan disponibilidad de agua durante temporadas secas. Sin embargo, el aumento de la temperatura global está acelerando su derretimiento, lo que contribuye al incremento del nivel del mar y pone en riesgo el suministro de agua dulce en diversas regiones.
Un ejemplo emblemático es la capa de hielo de la Antártida, considerada la mayor del mundo y que concentra aproximadamente el 90 % del agua dulce congelada.
Especialistas advierten que la pérdida de glaciares impacta la biodiversidad y la estabilidad climática. Por ello, subrayan la necesidad de fortalecer acciones frente al cambio climático y promover prácticas responsables que ayuden a conservar estos gigantes de hielo esenciales para el futuro del planeta.
