Una extensa “mancha fría” detectada en el Atlántico Norte, al sur de Islandia y Groenlandia, ha encendido las alertas de la comunidad científica, en medio de un planeta que en general continúa calentándose. Esta zona del océano lleva más de un siglo enfriándose de forma constante, con una caída cercana a un grado centígrado desde 1900.
Los expertos manejan dos hipótesis: cambios en vientos y nubes que enfrían la superficie, o el debilitamiento de la circulación oceánica. Sin embargo, un nuevo estudio apunta a la segunda opción y relaciona el fenómeno con la AMOC, un sistema de corrientes que transporta agua cálida desde los trópicos hacia el norte.
Los investigadores describen esta corriente como una “cinta transportadora” oceánica, y señalan que la mancha fría sería una huella directa de su debilitamiento. Incluso advierten que podría ser una señal de un punto de inflexión climático capaz de provocar su colapso este mismo siglo.
Las consecuencias serían graves: aumento del nivel del mar en la costa este de Estados Unidos, sequías en África por alteración del monzón e inviernos extremos en Europa. Además, el enfriamiento se observa tanto en la superficie como en las profundidades, según datos satelitales y mediciones oceánicas.
El científico Stefan Rahmstorf afirma que el AMOC es el responsable del cambio en el transporte de calor y podría estar en su punto más débil en mil años. Otros expertos como René van Westen coinciden en su influencia en aguas profundas.
Sin embargo, investigadores como David Thornally y Jonathan Baker advierten que aún hay incertidumbre y que el estudio no es concluyente, por lo que se requiere más investigación.
