Japón enfrenta uno de los inviernos más severos de los últimos años. Desde finales de enero, intensas nevadas han provocado la muerte de al menos 35 personas y han dejado casi 400 heridos en quince prefecturas del país, principalmente en el norte y noroeste del territorio.
De acuerdo con la Agencia de Gestión de Incendios y Desastres, la mayoría de las víctimas fallecieron en accidentes relacionados con la acumulación de nieve, como caídas al intentar limpiar los techos de sus viviendas o por el colapso de casas y garajes debido al peso del manto blanco, que en algunas zonas alcanzó hasta dos metros de altura.
La prefectura más afectada es Niigata, donde se registraron 12 muertes, seguida por Aomori, Akita, Yamagata, Hokkaido y Aomori, aunque también se reportaron víctimas en Nagano y Shimane. Cientos de comunidades quedaron aisladas, con carreteras bloqueadas, suspensión de trenes —incluidos los trenes bala—, cortes de energía eléctrica en más de mil 700 hogares y cierre de escuelas y comercios.
La situación se agravó cuando, tras varios días de frío extremo, las temperaturas subieron de forma repentina, alcanzando hasta 8 grados Celsius en Aomori. Este aumento favoreció el deshielo y elevó el riesgo de avalanchas, deslizamientos de tierra y caídas de grandes bloques de nieve desde los techos.
Ante la emergencia, las autoridades declararon alerta por desastre, desplegaron a las Fuerzas de Autodefensa y reforzaron las labores de limpieza y rescate. El gobierno pidió a la población evitar desplazamientos innecesarios, mantenerse informada y extremar precauciones, ya que se prevé el regreso de temperaturas bajas y nuevas nevadas en los próximos días.
