Francia anunció toques de queda parciales en distintas ciudades para frenar los disturbios, saqueos e incendios registrados durante las protestas contra el alto costo de vida y el deterioro de los servicios públicos.
Uno de los daños más graves ocurrió en Limoges, donde el Ayuntamiento, un edificio del siglo XIX protegido como monumento histórico desde 1975, sufrió un incendio el sábado 17 de octubre. Las llamas destruyeron gran parte de la estructura y provocaron el derrumbe de la torre y su emblemático reloj.
El alcalde, Guillaume Guérin, condenó los hechos y aseguró que los servicios municipales continuarán operando. Por su parte, el presidente Emmanuel Macron reconoció fallas en la previsión de seguridad, pero descartó declarar estado de emergencia.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, ordenó aplicar restricciones nocturnas en las zonas afectadas. El saldo preliminar supera los dos mil 300 detenidos, alrededor de mil agentes heridos y numerosos comercios saqueados en al menos diez ciudades.
Los disturbios también alcanzaron tiendas de lujo, supermercados y establecimientos de tecnología. La Comisión Europea condenó los actos violentos, aunque defendió el derecho a manifestarse pacíficamente.
Mientras las autoridades evalúan los daños al patrimonio histórico y preparan apoyos para los comerciantes afectados, sindicatos y otros colectivos mantienen prevista una nueva movilización nacional para el próximo 5 de noviembre.