Por: Bertha Alicia Galindo
El conflicto en Medio Oriente vive horas críticas, con el estrecho de Ormuz como epicentro de la tensión global.
Este fin de semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un ultimátum directo a Irán: le dio un plazo de 48 horas para reabrir el paso marítimo —clave para el tránsito del 20 por ciento del petróleo mundial— o enfrentaría ataques contra su infraestructura energética, particularmente plantas eléctricas.
La respuesta de Teherán fue inmediata. el gobierno iraní advirtió que, si Estados Unidos cumple su amenaza, cerraría completamente el estrecho de Ormuz y respondería con ataques contra instalaciones energéticas en toda la región, además de posibles acciones militares en el Golfo Pérsico.
Incluso, autoridades iraníes han amenazado con minar rutas marítimas y extender el conflicto a países vecinos, elevando el riesgo de una crisis energética global.
Sin embargo, en un giro inesperado este lunes, el propio Trump anunció que pospone por cinco días cualquier ataque, al asegurar que existen “conversaciones muy buenas y productivas” con Irán, lo que abre una ventana para la diplomacia.
De acuerdo con Washington, ya habría avances importantes hacia un posible acuerdo para reducir la escalada y reabrir el estrecho.
Pero desde Teherán, la versión es distinta. autoridades iraníes niegan que existan negociaciones directas con Estados Unidos y aseguran que las declaraciones de Trump forman parte de una estrategia de presión política y económica.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación. la posibilidad de un bloqueo total en Ormuz o un enfrentamiento directo podría impactar de inmediato en los precios del petróleo y en la estabilidad económica mundial.
Por ahora, el mundo se mantiene en vilo: entre la amenaza de una escalada mayor… y la posibilidad, aún incierta, de una salida diplomática.
