Al menos 400 personas murieron tras un derrumbe ocurrido en una mina de coltán en la localidad de Rubaya, en el este de la República Democrática del Congo. El deslizamiento de tierra se registró después de intensas lluvias en esta zona del territorio de Masisi, en la provincia de Kivu del Norte.
De acuerdo con líderes locales, entre las víctimas hay mineros artesanales y comerciantes provenientes de distintas regiones del país e incluso de naciones vecinas. Las labores de búsqueda continúan, aunque avanzan lentamente debido a la falta de maquinaria, equipo y apoyo institucional, situación que se agrava por la ausencia de una administración formal en el área.
Representantes de la sociedad civil y autoridades locales han solicitado ayuda internacional para recuperar los cuerpos y evitar riesgos sanitarios. Mientras tanto, el Gobierno congoleño denunció la explotación ilegal de recursos en la zona, señalando que la mina operaba sin cumplir normas de seguridad. El grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo, conocido como M23, atribuyó la tragedia a condiciones climáticas extremas y acusó al Estado de fallas en la regulación minera.
