Un estudio científico reveló que los osos polares del sureste de Groenlandia ya muestran señales genéticas asociadas al aumento de temperatura en el Ártico. A diferencia del noreste, donde el clima sigue siendo más frío y estable, el sureste enfrenta condiciones más cálidas y cambiantes, con hielo marino irregular que dificulta la caza.
Los investigadores compararon ambas poblaciones y analizaron la actividad genética en la sangre de 17 osos adultos. Encontraron que los osos del sureste presentan mayor activación de los llamados “genes saltarines”, fragmentos de ADN sensibles al estrés ambiental. Esta actividad no es aleatoria y se relaciona con temperaturas más altas.
Además, se detectaron cambios en genes vinculados al metabolismo, al sistema inmunitario y al estrés celular. Aunque el estudio no demuestra evolución genética, sí advierte que el cuerpo de estos animales ya responde al calentamiento. El mensaje es claro: sin hielo, su supervivencia está en riesgo.
