El hecho de que las mujeres en Arabia Saudita puedan elegir con más libertad cómo vestir en espacios públicos representa uno de los cambios sociales más simbólicos de las últimas décadas en el país.
Durante muchos años, la presión social y religiosa hacía que prácticamente todas las mujeres sauditas usaran la abayanegra —una túnica larga tradicional— y, en muchos casos, también el velo. Aunque no siempre existió una ley escrita estricta que obligara a usarla, sí había controles sociales, intervención de la policía religiosa y riesgo de acoso o sanciones.
El cambio comenzó a hacerse visible alrededor de 2018 y 2019, cuando el príncipe heredero Mohammed bin Salmandeclaró que las mujeres no estaban obligadas a usar la abaya mientras vistieran de manera “modesta y respetuosa”.
Eso abrió la puerta a escenas antes impensables en ciudades como Riad:
• mujeres usando jeans, colores claros o ropa occidental;
• abayas modernas y estilizadas;
• algunas saliendo sin cubrirse el cabello;
• mayor presencia femenina en universidades, oficinas, conciertos y centros comerciales.
Para muchas sauditas jóvenes, elegir su ropa se convirtió en un símbolo de autonomía personal. Algunas describieron la experiencia como “recuperar un derecho” o sentirse finalmente libres de una imposición social.
Pero también es importante entender los matices:
• todavía existe una fuerte presión conservadora en muchas regiones;
• algunas mujeres prefieren seguir usando la abaya por religión, identidad cultural o comodidad;
• activistas señalan que, aunque hubo avances, siguen existiendo limitaciones políticas y de derechos civiles.
En otras palabras, el cambio no significa que todas las mujeres sauditas hayan abandonado la vestimenta tradicional, sino que hoy muchas tienen más capacidad de decidir por sí mismas cómo presentarse en público. Y precisamente esa posibilidad de elección es lo que muchos consideran histórico.
