Romina Rivera Cruz, una joven violinista venezolana de 9 años, falleció el pasado 16 de agosto tras permanecer diez días hospitalizada por complicaciones derivadas de la fibrosis quística.
La menor ganó reconocimiento internacional en 2025, cuando viajó a Italia con la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela y se presentó ante el papa León XIV en el Vaticano. Con apenas 8 años, interpretó como solista el “Danzón No. 2”, del compositor mexicano Arturo Márquez, durante las actividades por la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles.
Romina inició sus estudios de violín a los cuatro años y rápidamente destacó por su talento, hasta integrarse entre los primeros violines de la agrupación infantil venezolana.
Tras su muerte, su madre, Claribeth Cruz, denunció presuntas deficiencias en la atención médica que recibió su hija. Estas acusaciones corresponden a su testimonio y no han sido confirmadas por una autoridad.
El Sistema Nacional de Orquestas lamentó la pérdida y recordó a Romina por su talento, disciplina y amor por la música.
