Además de productos y mascarillas, los hábitos diarios desempeñan un papel clave en la apariencia de la piel. Mantener ciertas rutinas saludables puede disminuir brotes, mejorar la textura y favorecer una regeneración más rápida.
Uno de los hábitos más importantes es cambiar frecuentemente la funda de la almohada, ya que en ella se acumulan aceites, sudor e impurezas que pueden tapar los poros. También es recomendable evitar tocarse el rostro durante el día, pues las manos llevan bacterias que agravarán cualquier brote.
En cuanto a tratamientos naturales, el agua de arroz se ha vuelto un aliado favorito. Posee propiedades calmantes y ayuda a minimizar manchas causadas por el acné. Se puede aplicar con un algodón todas las noches como tónico casero. Otro remedio popular es el gel de aloe vera directo de la planta, muy eficaz para reducir inflamación y acelerar la cicatrización.
El vapor facial es otro tratamiento que ayuda a abrir los poros y eliminar impurezas. Bastan cinco minutos una vez por semana, acompañado de algunas hierbas como manzanilla o menta, para lograr un efecto purificador sin irritar.
Finalmente, dormir entre 7 y 8 horas, mantener baja la exposición al estrés y beber suficiente agua tienen un efecto directo en la piel. El equilibrio emocional y físico se refleja siempre en el rostro. Integrar estos pequeños hábitos en la vida diaria crea una base sólida para una piel más limpia, luminosa y saludable
