Tomar café va mucho más allá de una simple bebida para despertar. Para baristas, catadores y amantes del café, cada taza forma parte de un ritual que busca resaltar aromas, sabores y sensaciones. Dentro de ese mundo existe una práctica sencilla, pero poco conocida, que puede mejorar notablemente la experiencia: acompañar el café con un vaso de agua.
Aunque para muchos puede parecer un detalle sin importancia, en varias culturas cafeteras esta costumbre es casi obligatoria. Países como Italia, Austria y Turquía suelen servir el café con agua, no como un adorno, sino como una herramienta clave para disfrutar mejor la bebida.
El agua prepara el paladar para el café
De acuerdo con especialistas en degustación, beber agua antes del café ayuda a limpiar la boca y eliminar sabores residuales que pueden alterar la percepción del grano. Restos de comida, bebidas previas o incluso la saliva influyen en cómo se perciben las notas del café.
Al tomar agua primero, el paladar queda “en blanco”, lo que permite identificar con mayor claridad los matices, aromas y acidez, sobre todo en cafés de origen o de especialidad. Catadores profesionales señalan que esta práctica mejora tanto la experiencia del gusto como del olfato, dos sentidos clave en la degustación.
Esta tradición se popularizó en Italia desde la década de 1920, cuando el espresso comenzó a consolidarse como una bebida emblemática. Desde entonces, el vaso de agua se convirtió en un aliado silencioso del café bien preparado.
Beneficios más allá del sabor
Además de mejorar la degustación, tomar agua antes del café también aporta beneficios al organismo. El café tiene un efecto diurético ligero y, cuando se consume en grandes cantidades o con el estómago vacío, puede favorecer una leve deshidratación. Beber agua ayuda a mantener el equilibrio hídrico y a que el cuerpo procese mejor sus compuestos.
Otro punto importante es la salud dental. El café contiene taninos, sustancias que pueden favorecer manchas en los dientes. Tomar agua antes —y después— del café puede ayudar a reducir la adherencia de estos compuestos al esmalte.
También se ha observado que una buena hidratación puede disminuir el “bajón” que algunas personas sienten tras consumir café. Esto se relaciona con la teobromina, un alcaloide presente en la bebida cuyos efectos son más suaves pero prolongados. Mantenerse hidratado favorece una energía más estable y una mejor concentración a lo largo del día.
Finalmente, beber agua después del café ayuda a neutralizar el sabor intenso que dejan preparaciones concentradas como el espresso, evitando una sensación amarga persistente en la boca.
Un hábito sencillo como acompañar tu café con un vaso de agua puede marcar la diferencia entre solo tomar café y realmente disfrutarlo.
