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El poder del aburrimiento: el motor secreto de la creatividad infantil

Gilaur Gallegos

La neurociencia nos enseña una lección fascinante: cuando un niño se aburre, se enciende en su cerebro la red neuronal encargada de la creatividad. Lejos de ser un problema, la inactividad es el catalizador que despierta el ingenio. Asumir que los adultos tenemos la obligación de entretenerlos de forma constante durante cada segundo del día equivale a arrebatarle a su mente la magnífica oportunidad de resolver conflictos, imaginar mundos nuevos y crear por sí misma.

El aburrimiento durante la infancia no constituye un vacío molesto que debamos llenar de inmediato a toda costa; representa, en realidad, el espacio fértil donde germina la verdadera imaginación. Pretender saturar cada momento con estímulos externos impide que desarrollen su propia autonomía mental y su capacidad de resiliencia ante los tiempos de pausa.

Antes de correr a buscar la siguiente distracción o encender una pantalla para calmar la quietud, vale la pena detenerse a reflexionar: ¿le estamos otorgando el tiempo necesario para descubrir y construir su propio universo? Acompañar a los niños también significa permitirles habitar el silencio, confiar en sus propios recursos internos y entender que no hacer nada es, a menudo, el inicio de todo lo extraordinario.