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El costo invisible de sostener un hogar

Por: Gilaur Gallegos

Desde la sociología de las relaciones familiares, se ha estudiado detenidamente el costo invisible que implica mantener el equilibrio en casa. Históricamente, a la mujer, a la mamá y a la cabeza del hogar se le ha exigido aguantar en silencio, resolver los problemas de todos y cargar sobre sus hombros las tensiones de la familia, priorizando siempre el bienestar ajeno sobre el suyo.

Sin embargo, rara vez se reconoce el profundo desgaste emocional que conlleva esa entrega incondicional. Intentar apagar cada conflicto diario con el alma cansada, sumado a la presión de responder a una expectativa de perfección irreal, solo termina generando mayor distancia afectiva y agotamiento. La armonía familiar no puede basarse en la renuncia individual.

Sostener la vida cotidiana exige corresponsabilidad. Antes de asumir roles que desbordan la capacidad personal y cargar con una responsabilidad que no le corresponde llevar a una sola persona, vale la pena detenerse a reflexionar profundamente: ¿se está uniendo realmente a la familia o la casa se está sosteniendo a costa de su propia tranquilidad?

Reconocer este peso es el primer paso para transformar la dinámica familiar hacia un espacio de apoyo mutuo y bienestar compartido.