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De bolsitas medievales a ícono de moda: el origen de la bolsa de mano

Hoy es un accesorio indispensable, símbolo de estilo y hasta de estatus, pero la bolsa de mano tiene una historia que se remonta siglos atrás. Mucho antes de convertirse en pieza clave de las pasarelas, surgió por pura necesidad.

En la Edad Media, tanto hombres como mujeres utilizaban pequeñas bolsas atadas al cinturón para transportar monedas y objetos personales, ya que la ropa no contaba con bolsillos. Con el paso del tiempo y los cambios en la moda, especialmente cuando las siluetas femeninas se volvieron más ajustadas en los siglos XVIII y XIX, estos pequeños bolsos evolucionaron hacia diseños más delicados conocidos como retículos.

Fue durante la Revolución Industrial cuando la bolsa comenzó a transformarse en un accesorio más estructurado y resistente, gracias al desarrollo de nuevos materiales y técnicas de fabricación. En el siglo XX, con la incorporación de cremalleras, cierres metálicos y diseños más funcionales, la bolsa de mano se consolidó como complemento esencial del vestuario femenino.

Marcas de lujo y diseñadores internacionales la convirtieron en símbolo de elegancia y estatus, mientras que la cultura popular la adaptó a tendencias cambiantes. Hoy existen modelos para cada estilo y necesidad: desde mini bolsos hasta grandes tote bags funcionales.

Más que un accesorio, la bolsa de mano refleja la evolución social y cultural de cada época. De objeto práctico a pieza de identidad, su historia demuestra cómo la moda también cuenta historias.