Hay momentos en los que simplemente no tenemos ganas de hacer absolutamente nada y OJO no es flojera, no es falta de disciplina… es solo agotamiento acumulado, saturación o incluso falta de claridad.
La motivación no es constante y entender eso es el primer paso para no frustrarnos.
Cuando sientes que perdiste el ritmo, lo mejor no es exigirte más, sino empezar con lo más pequeño, no intentes ignorar la desmotivación; mejor reconoce si te sientes cansado, frustrado o abrumado, eso nos puede pasar a todos.
Y créeme cuando digo que en lugar de proponerte grandes cambios, puedes intentar con estas pequeñas cosas que harán la gran diferencia:
- Hacer una sola tarea pendiente.
- Divide tus tareas.
- Ordena un espacio pequeño.
- Pregúntate por qué empezaste ese proyecto o hábito.
- Salir a caminar unos minutos.
- Rompe la monotonía.
- Escribe lo que sientes sin filtro.
- Celebra las “mini victorias.
La acción, aunque sea mínima, genera movimiento, por ello también es importante descansar sin culpa, muchas veces la falta de motivación es una señal de que necesitamos pausa, escucha podcasts, lee libros o rodéate de personas entusiastas que apoyen tus proyectos, rodéate de entornos que te inspiren: música, espacios ordenados, conversaciones positivas.
Recuerda que no todos los días tienen que ser productivos, también hay días para reorganizarte internamente, la motivación no siempre aparece antes de empezar, muchas veces aparece después.
Nota: Este post es solamente informativo, no promulgamos ninguna religión y es ideal siempre acudir con un especialista ante cualquier duda.
