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Aprender a cuidar tu piel desde adentro y no solo desde el espejo

Cuando pensamos en el cuidado de la piel, lo primero que suele venir a la mente son cremas, mascarillas y productos cosméticos, sin embargo, la piel es mucho más que una superficie que se ve en el espejo; es el órgano más grande del cuerpo y un reflejo directo de lo que ocurre en nuestro interior, este es el momento para reflexionar sobre cómo estamos cuidando nuestra piel de forma integral, con hábitos que van más allá de lo externo.

La piel cumple funciones vitales: nos protege de agentes externos, regula la temperatura corporal y actúa como barrera contra infecciones, por eso, cuando algo no está equilibrado internamente, la piel suele ser una de las primeras en manifestarlo, sequedad, acné, enrojecimiento, opacidad o sensibilidad excesiva pueden estar relacionados con factores como la alimentación, el estrés, el descanso o la hidratación.

Uno de los pilares fundamentales para una piel saludable es la hidratación interna, el beber suficiente agua a lo largo del día ayuda a mantener la elasticidad, luminosidad y función protectora de la piel, no se trata de forzarse a consumir grandes cantidades de golpe, sino de hacerlo de manera constante.

La alimentación también juega un papel clave, consumir frutas, verduras, grasas saludables y proteínas de calidad aporta vitaminas y antioxidantes que favorecen la regeneración celular, alimentos ricos en vitamina C, E y omega 3 son aliados naturales de la piel, por el contrario, el exceso de azúcares, grasas saturadas y ultraprocesados puede favorecer inflamación y envejecimiento prematuro.

El descanso es otro factor que suele subestimarse, durante el sueño, la piel entra en un proceso de reparación, dormir poco o mal de forma constante puede reflejarse en ojeras, piel apagada y pérdida de firmeza, además, el estrés tiene un impacto directo en la piel.

El cuerpo libera cortisol, una hormona que puede alterar el equilibrio cutáneo y favorecer brotes o irritaciones, incorporar momentos de pausa, respiración consciente o actividades relajantes ayuda tanto a la mente como a la piel, cuidarla desde adentro es un acto de autocuidado profundo y los productos externos pueden complementar, pero no sustituyen hábitos saludables, escuchar al cuerpo, nutrirlo y respetar sus ritmos es la base de una piel que se siente bien, más allá de lo que se ve.

Nota:
Este contenido es únicamente informativo y no promueve ninguna religión, ante cualquier condición o problema de la piel, es importante acudir siempre con un especialista.