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La mucha Barbie sacó versiones inclusivas

Entre anaqueles iluminados artificialmente y cajas de cartón apiladas en una juguetería, una niña se encuentra con una muñeca distinta a las que tradicionalmente representan ideales de belleza inalcanzables y perfección eterna. No es una figura convencional: se trata de una Barbie que lleva en su brazo un monitor continuo de glucosa, adherido a la piel tal como lo usan miles de niñas en la vida real. En su cintura, una pequeña bomba de insulina en tonos pastel completa la imagen, mientras su vestido de lunares azules hace referencia al símbolo internacional de la concientización sobre la diabetes.

Lejos de ser un simple adorno, estos dispositivos forman parte esencial de la muñeca. Su presencia visible no solo representa una condición médica, sino que contribuye a normalizarla, integrándola de manera natural en el universo infantil y resignificando el concepto del juguete tradicional. Esta Barbie no oculta la enfermedad: la muestra, la valida y la convierte en parte de una narrativa cotidiana.