La actriz mexicana Adriana Llabrés enfrenta uno de los desafíos más complejos de su trayectoria con Psicópata, el asesino del conejo blanco, un proyecto que la lleva a explorar una mente marcada por el trauma y la fragmentación. Este papel representa un paso importante en su carrera, al adentrarse en un terreno más profundo dentro del cine nacional.
Llabrés atraviesa una etapa de madurez profesional, impulsada por este thriller que propone una visión distinta del terror psicológico en México. En este momento, la actriz afirma sentirse más segura de sus capacidades, lo que le ha permitido abordar personajes complejos con mayor libertad, sin dejar de disfrutar el proceso creativo.
La película llegó en un punto clave de cambio tanto personal como profesional. Después del reconocimiento obtenido por trabajos previos, encontró en este proyecto la oportunidad de expandir su rango interpretativo. Según comparte, el proceso implicó un aprendizaje significativo, especialmente a partir del estudio del personaje y su trasfondo psicológico, convirtiéndose en una experiencia de autoconocimiento.
En la historia, interpreta a una mujer cuya mente se fragmenta como respuesta a un trauma infantil. La construcción del personaje evita estereotipos y busca retratar el trastorno de identidad disociativo desde una perspectiva más auténtica. Para lograrlo, la actriz colaboró con especialistas en psiquiatría, entendiendo que estas “identidades” no son entes separados, sino distintas maneras en las que una persona se vincula con su entorno.
