A los 15 años Elsa Guadalupe Aguilar escuchó en un hospital público que ya no podía ser operada. El diagnóstico le cerró las puertas y con ellas la esperanza de seguir tratando su labio y paladar hendido. Hoy, con 18 años, presume una sonrisa nueva y la seguridad de quien sabe que no está sola.
La historia de Elsa cambió hace 3 años cuando llegó a Misión 33, una fundación en Tapachula que atiende de manera integral a niños, niñas, adolescentes y jóvenes con anomalías craneofaciales.
Elsa Guadalupe Aguilar / Paciente Misión 33.
“A los 15 años me dijeron que ya no me iban a operar por cuestiones de apoyo. Gracias a Dios y a esta fundación están operando a niños del labio y paladar. Agradezco mucho aquí al doctor Jaime y a todo Misión 33 porque nada de esto se hubiera logrado”

Desde que ingresó, Elsa ha recibido atención continua. Ella tiene 11 cirugías y de esas 4 fueron en misión 33; además de terapias de lenguaje, tratamiento de ortodoncia y acompañamiento emocional. Un proceso que en el sector privado superaría los 300 mil pesos, pero que en Misión 33 se brinda de forma gratuita.
“Antes me escondía porque no me gustaba mi sonrisa. Me daba pena. Vine aquí, me operaron, me dijeron que no escondas tu risa porque eres una persona de luz. Ahora soy libremente. Aquí mis 11 cirugías, gracias a los doctores, y aquí soy feliz”
Elsa es una de las más de 200 pacientes que Misión 33 ha beneficiado desde su fundación el 18 de enero de 2019. La fundación no solo opera: da seguimiento por años. Para Elsa eso significó volver a hablar sin miedo, ir a la escuela y proyectar su futuro; por ello, pide a la población que se sume a la 4 carrera de misión 33 el 26 de julio y así ayudar a más personas.
“Gracias a Dios estudié en una normal de inclusión educativa. Ahora mi sueño es apoyar a los niños para que no pasen lo mismo, para que no se escondan, para que no tengan ese miedo. Yo quiero cambiar ese futuro para los próximos pacientes que llegan aquí”

Hoy Elsa se prepara para estudiar la carrera de maestra. Dice que quiere devolver a otros niños lo que Misión 33 le dio a ella: atención médica, pero, sobre todo, la confianza para sonreír.
