Un temazo de Mecano —lo sé, muy Kiss FM esto— decía aquello de que ‘la cara vista es un anuncio de Signal’. Y por si alguno de nuestros dolorosamente jóvenes lectores no lo sabe, Signal es una marca de pasta de dientes. Y si hay alguien cuya cara vista sea exactamente así, ese es Sam Altman, CEO de OpenAI, que con una sonrisa perfecta y convincente intenta convencer al mundo de que su empresa es igual de perfecta y convincente.
Para mucha gente justo hoy no lo es.
Qué ha pasado. Estos días hemos visto cómo EEUU y su Departamento de Defensa (o de Guerra, como les gusta llamarlo ahora) han decidido que si alguna empresa de IA quiere trabajar con ellos, van a tener que dejarles que usen la IA como mejor les parezca. ¿Que hay que espiar masivamente a la gente? Se la espía, total, ya lo hemos hecho. ¿Que hay que decirle a la IA que desarrolle armas autónomas letales? Pues también.
Anthropic se planta. Pero hete aquí que precisamente la empresa que estaba trabajando con el Pentágono ha dicho que naranjas de la China. Anthropic, que llevaba colaborando con el Gobierno desde hace meses —Claude se usó para el arresto de Nicolás Maduro—, ha dejado claro que hay líneas rojas que no traspasará.
Si Anthropic no quiere, que lo haga OpenAI. En el Pentágono han amenazado con convertir a Anthropic en una empresa paria, pero de momento no han movido ficha de forma oficial. Lo que sí ha ocurrido es que el Gobierno de EEUU ha decidido cambiar de socia tecnológica. OpenAI ha sustituido a Anthropic y parece haber llegado a un acuerdo para trabajar con las agencias de defensa y seguridad de los Estados Unidos.