Como dicen algunos mayores a nuestro alrededor: el invierno ya no es lo que era. A medida que avanzamos en la década, los datos científicos dibujan un panorama cada vez más claro e inquietante sobre la cantidad de nieve que hay acumulada en algunos puntos de nuestro planeta. Y las imágenes parece que no dejan lugar a dudas, puesto que apuntan a que la cobertura de nieve en el hemisferio norte está reduciéndose de manera constante, alterando los ciclos estacionales que rigen nuestro clima.
Los datos. El último trabajo al que hemos tenido acceso fue publicado en enero de este mismo año, y la conclusión que han sacado es bastante demoledora al apuntar que el 24% de las regiones del hemisferio norte muestran un declive significativo en la presencia de nieve, frente a un escaso 9% que ha registrado un aumento en su cantidad.
Cómo se vio. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores no se han limitado a mirar el termómetro. Han recurrido a una gigantesca base de datos de alta resolución que aglutina los datos históricos desde el año 1980 con información tanto de la nieve como del hielo.
Modelo matemático. Pero el verdadero avance en este caso radica en el uso de la estadística avanzada. Y es que, ampliando la investigación previa de 2023, han aplicado un modelo de cadena de Markov de dos estados, que en términos sencillos es un modelo matemático que permite analizar las probabilidades espaciales y temporales de que la nieve persista o desaparezca en cuadrículas específicas de la Tierra a lo largo de décadas.
Es por ello que estamos ante una de las metodologías más rigurosas que existen actualmente para entender las tendencias de nieve, eliminando el “ruido” de las precipitaciones que vienen en los próximos meses.
Primavera adelantada. Pero… ¿Dónde está desapareciendo exactamente la nieve? El modelo de Markov revela que el declive no es uniforme, pero sí que hay un patrón alarmante que afecta directamente a nuestro lado del globo: la fusión primaveral se está adelantando de forma drástica en Europa y Asia central.
Ahora mismo estamos viendo cómo la nieve se derrite antes, acortando la temperatura invernal y alterando de manera directa al ciclo del agua, que es vital para la agricultura y los ecosistemas durante los meses más cálidos.
Las consecuencias. Pero no es algo nuevo, puesto que los trabajos previos ya advertían de esta pérdida de nieve, lo que es un declive que no solo afecta a las reservas hídricas, sino a la capacidad de la superficie de la Tierra para reflejar la radiación solar. Algo que no es una tontería, ya que menos nieve significa más tierra oscura expuesta, mayor absorción de calor y, en consecuencia, un aumento de las temperaturas regionales.
