Lo hemos ido contando: China ha transformado su poder naval lejos de los focos más visibles durante años, avanzando de forma constante en tecnologías que priorizan el sigilo, la persistencia y la capacidad de negar el acceso al adversario. Mientras la atención internacional se centraba en portaaviones y grandes buques de superficie, bajo el mar se ha ido gestando una evolución silenciosa que ahora apunta a un cambio profundo en la forma de proyectar fuerza y resolver conflictos.
El arma inesperada. Sí, lejos de la idea clásico de portaaviones o bombarderos estratégicos, el último gran salto de China en la guerra naval no ha llegado desde las plataformas más visibles, sino desde sus submarinos convencionales, discretos y hasta ahora considerados secundarios frente al poder nuclear.
La incorporación del misil hipersónico antibuque YJ-19 a los submarinos diésel-eléctricos con propulsión independiente del aire ha convertido a estas unidades “ordinarias” en una amenaza capaz de cambiar las reglas del juego, al combinar sigilo extremo con una capacidad de ataque diseñada para superar las defensas navales más avanzadas y proyectar poder letal sin previo aviso.
De submarino convencional a cazador hipersónico. El misil YJ-19, presentado públicamente en 2025 y ahora aceptado para el servicio operativo, supone un salto cualitativo respecto al anterior YJ-18 al elevar la velocidad del ataque hasta el umbral hipersónico o, dicho de otra forma, ha multiplicado la dificultad de detección e interceptación.
Integrado en los Type-039B de la clase Yuan, columna vertebral de la flota submarina convencional china, este misil transforma a estos buques en los únicos submarinos no nucleares del mundo armados con un sistema de este tipo, un movimiento que refuerza de forma radical la capacidad de negación marítima de la Armada del Ejército Popular de Liberación y sitúa a su flota AIP en una liga propia dentro del equilibrio naval global.
La ventaja silenciosa de los tubos lanzatorpedos. La clave técnica que explica el carácter disruptivo de los misiles YJ-19 no está solo en su velocidad, obvio, sino en su compatibilidad con tubos lanzatorpedos horizontales estándar de 533 milímetros, una habilidad que permite modernizar submarinos existentes sin prácticamente tener que recurrir a complejos sistemas de lanzamiento vertical.
Esta decisión permite ahorrar costes, ya que abarata, acelera y masifica su despliegue, permitiendo, por ejemplo, que una flota numerosa de submarinos silenciosos pueda lanzar ataques hipersónicos desde posiciones ocultas, algo que otras potencias no pueden replicar fácilmente con sus submarinos convencionales.
