Desde hace unos días, no hay otro tema de conversación en el mundillo del deporte de élite: deportistas como Carlos Alcaraz o Tadej Pogačar han cambiado las bebidas isotónicas más avanzadas del mundo por algo mucho más sencillo y pedestre: la salmuera de los pepinillos.
Cuando hablamos de deporte de élite, la línea que separa las ideas geniales, las modas absurdas y las supersticiones más delirantes es muy finita. Así que nos hemos preguntado… ¿Tiene sentido todo esto?
Pero expliquémoslo bien. En deportes de resistencia y alto rendimiento se ha popularizado la idea de llevar siempre a mano “pickle juice” (la salmuera de los encurtidos) u otros productos inspirados en ella para “cortar los calambres cuando estos ya han empezado”.
Y tiene sentido que se haya popularizado. Para empezar porque los calambres asociados al ejercicio son una de las cosas más frustrantes que hay. Además, durante años, hemos errado el tiro: pensábamos que eran producto de la deshidratación y la falta de sales, pero todo parece indicar que son algo mucho más multifactorial de lo que parecía.
De hecho, todo parece indicar que el problema principal tiene más que ver con un control neuromuscular alterado que con otra cosa.
Y en este contexto llegan los pepinillos. Porque sí tenemos evidencia (algo limitada, es cierto) que muestra que la salmuera funciona. Aunque no por lo que solemos creer: los investigadores se dieorn cuenta de que el mecanismo funciona demasiado rápido como para que sea una cuestión de reposición de electrolitos. Sencillamente, no da tiempo para que la fisiología haga su trabajo.
