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El secreto de los Aztecas para ser feliz

Cada curso Lynn Sebastian Purcell, profesor de filosofía, repite el mismo experimento. Tras repasar el pasaje de la ‘Odisea’ en el que Ulises renuncia a una vida eterna de placeres junto a la ninfa Calipso para buscar a su mujer y a su hijo, el profesor presenta un dilema a sus alumnos: ¿Cuántos harían lo mismo que el rey de Ítaca? “¿Cuántos de ustedes rechazarían la inmortalidad y una existencia placentera con la condición de no volver a ver a su familia y seres queridos?”, lanza desafiante Purcell al aula. La respuesta es siempre la misma: nadie.

La ‘Odisea’ es un poema épico que conecta con la tradición grecolatina, pero en realidad ese pasaje en concreto sobre Ulises resume bien la filosofía vital de una civilización que vivió a miles de kilómetros del mar Jónico: la azteca.

Objetivo: la felicidad. No sé exactamente quién eres, pero es bastante probable que tú, yo y las más de 8.000 millones de personas que compartimos este mundo coincidamos en que es deseable tener una vida feliz. ¿Lógico, no? La felicidad es una de esas pepitas de oro que la filosofía lleva siglos buscando.

Lo hacía en tiempos de Epicuro y lo hace en nuestros días. De hecho uno de los tratados más famosos de Bertrand Russell, celebérrimo filósofo del siglo XX, lleva por título una frase que es toda una proclama: “La conquista de la felicidad”.

La lección de Ulises. Una cosa es sin embargo aspirar a la felicidad y otra distinta decidir cómo alcanzarla o incluso qué es exactamente la felicidad. Es ahí donde resuena con fuerza el pasaje de la ‘Odisea’ de la ninfa Calipso. Si se trata solo de buscar la dicha, Ulises ya la tenía, ¿no? Si coincidimos en que el objetivo es ser felices (sin más), ¿no es un buen panorama pasar una vida eterna, libre de enfermedades y privaciones, conviviendo con una diosa en una lejana isla paradisíaca? ¿Por qué decide Ulises volver al mar… y sus penurias?

“Que valga la pena”. La actitud de Ulises (igual que la de los alumnos de Purcell) conecta de lleno con una ética filosófica que durante décadas ha pasado desapercibida en Occidente: la de los aztecas precolombinos. Para ellos, recuerda el profesor, lo que realmente busca la humanidad no es tanto una vida colmada de felicidad y placeres como “una existencia que valga la pena”. Esa es la meta.