En medio de las celebraciones de Día de Muertos, las tradicionales velas de concha de Teotitlán del Valle, Oaxaca, vuelven a ocupar un lugar especial dentro de las expresiones artesanales y rituales de los Valles Centrales.
Aunque esta comunidad es reconocida internacionalmente por sus tapetes de lana y textiles, también conserva un antiguo oficio dedicado a la elaboración de majestuosas velas de cera, una tradición que ha pasado de generación en generación y que actualmente es preservada por apenas unas ocho familias de la comunidad, entre ellas la familia Vásquez.
Más que objetos decorativos, estas piezas forman parte de la vida ceremonial de Teotitlán del Valle. Su elaboración está vinculada con distintas prácticas comunitarias y religiosas en las que la cera adquiere un significado simbólico, especialmente como representación de luz, respeto y acompañamiento durante momentos importantes para las familias.
Las llamadas velas de concha destacan por su elaboración artesanal. La cera es trabajada cuidadosamente hasta conseguir las formas y dimensiones características de estas piezas, que pueden incorporar elementos ornamentales y flores elaboradas también de manera manual. El proceso requiere experiencia y paciencia, pues buena parte de los detalles se construyen pieza por pieza.
Su presencia puede encontrarse en acontecimientos de gran importancia para la comunidad, como las pedidas de mano y las tradicionales “contentadas”, además de las mayordomías, fiestas patronales y otras celebraciones religiosas.
Durante la temporada de Día de Muertos, estas velas cobran todavía mayor significado. En los hogares y espacios ceremoniales ayudan a acompañar los altares y las prácticas con las que las familias recuerdan a sus seres queridos, manteniendo vigente una costumbre que combina la religiosidad, el trabajo artesanal y la identidad zapoteca.
La permanencia de esta tradición también representa un desafío, debido a que son pocas las familias que actualmente mantienen vivo el conocimiento especializado para producirlas. Por ello, cada pieza no solo representa horas de trabajo, sino también la continuidad de un saber que forma parte del patrimonio cultural de Teotitlán del Valle.
Así, mientras las calles y hogares de la comunidad se preparan para recibir una vez más la temporada de muertos, las velas de concha continúan iluminando una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo y que encuentra en las nuevas generaciones la posibilidad de mantenerse viva.

