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El laberinto digital: cuando el cerebro infantil compite con el azar

Gilaur Gallegos

Las redes sociales no son un simple entretenimiento moderno; operan en el cerebro infantil con la misma intensidad que un juego de azar. Este mecanismo de recompuesta constante atrapa la atención de los más pequeños. Pedirles que dejen la pantalla por pura voluntad equivale a exigirles que detengan un vehículo en plena marcha que biológicamente aún no posee frenos, pues su corteza prefrontal sigue en pleno proceso de construcción neurológica.

El hecho de que la tecnología esté al alcance de la mano y se perciba como algo natural no significa que la capacidad de autorregulación venga instalada de serie. Esperar que un niño gestione su tiempo de exposición sin guía es ignorar sus limitaciones evolutivas actuales. La madurez cerebral requiere tiempo, protección y acompañamiento adulto para desarrollarse de forma saludable.

Antes de colocar un dispositivo digital en las manos de un menor, es fundamental reflexionar con responsabilidad: ¿cuenta su mente con la estructura necesaria para tomar el control o estamos delegando una tarea que nos corresponde a nosotros? Proteger su infancia implica poner límites claros, comprender su desarrollo biológico y actuar como el freno externo que todavía no tienen formado. El bienestar digital de la niñez empieza por la conciencia adulta.